
Canción
Canción II
Dame, amor, besos sin cuento...
Estando conmigo a solas...
Musas italianas y latinas
¿Quién no llora lo pasado?
Soneto II
Soneto IV
Villancico
Visita de amor
Canción
Aquí no hay
sino ver y desear;
aquí no veo
sino morir con deseo.
Madre, un caballero
que está en este corro
a cada vuelta
hacíame del ojo.
Yo, como era bonica,
teníaselo en poco.
Madre, un escudero
que estaba en esta baila
a cada vuelta
asíame de la manga.
Yo, como soy bonica,
teníaselo en nada.
Canción
II
Aquel
caballero, madre,
como a mí le quiero yo,
y remedio no le dó.
Él me quiere más que a sí,
yo le mato de crüel;
mas en serlo
contra él
también lo soy contra mí.
De verle penar así
muy penada vivo yo,
y remedio no le dó.
Dame, Amor, besos sin cuento...
Dame, Amor, besos sin cuento,
asida de mis cabellos,
y mil y
ciento tras ellos
y tras ellos mil y ciento,
y después
de muchos millares, tres;
y porque nadie lo sienta,
desbaratemos la cuenta
y contemos al revés.
Estando conmigo a solas...
Estando conmigo a solas,
Me viene un antojo loco
De burlar con
causa un poco
De las trovas españolas
Al presente;
De aquellas
principalmente
Muy altas, encarescidas,
Excellentes y polidas,
Que mucho estima la gente;
Y de aquellos estremados
Que por estilo
perfeto
Sacan del pecho secreto
Hondos amores penados.
Son del
cuento
Garci-Sánchez y otros ciento
Muy gentiles caballeros,
Que por caos cancioneros
Echan sospiros al viento.
No se me
achaque o levante
Que me meto a decir mal
De aquel subido metal
De su decir elegante;
Antes siento
Pena de ver sin cimiento
Un
tan gentil edificio,
Y unas obras tan sin vicio
Sobre ningún
fundamento.
Los requiebros y primores
¿Quién los niega, de Boscán,
Y aquel estilo galán
Con que cuenta sus amores?
Mas trovada
Una
copla muy penada,
El mesmo confesará
Que no sabe dónde va
Ni se
funda sobre nada.
Aunque no por un tenor,
Todos van por un camino;
También sabe Guardamino
Quexar su mal y dolor
Sin paciencia;
No
hay dél otra diferencia.
Al que se cuelga de un hilo,
Que no ser
tal el estilo
Sobre la mesma sentencia.
Y de aquí debe venir
Que contando sus pasiones,
Las más más comparaciones
Van a parar
en morir;
Van de suerte
Que nunca salen de muerte
O de perderse
la vida;
Quitaldes esta guarida,
No habrá copla que se acierte.
Por donde los trovadores
Son de burlas y reír
Que no se dan a
escrebir
Sino penas y dolores.
¡Cosa vana,
Que la lengua
castellana,
Tan cumplida y singular,
Se haya toda de emplear
En
materia tan liviana!
Coplas dulces, placenteras,
No pecan en
liviandad,
Pero pierde autoridad
Quien las escribe de veras,
Y
entremete
El seso por alcahuete
En los misterios de amor;
Cuanto más si el trovador
Pasa ya del caballete.
Y algunos hay, yo
lo sé,
Que hacen obras fundadas
De coplas enamoradas,
Sin tener
causa por qué.
Y esto está
En costumbre tanto ya,
Que muchos
escriben penas
Por remedar las ajenas,
Sin saber quién se las da.
Pero digo que arda en ellas
De los pies a la cabeça,
Decidme, ¿a
quién endereça
Sus coplas y sus querellas?
Si las vende
A la
dama que le prende,
¿Qué mayor desaventura
Que hablar por
escritura
Con quien sé que no la entiende?
Cuanto más que ni leer
Las más saben ni escrebir.
Y en el dar o rescibir
Aún hay algo que
hacer.
Mal mascada
Vais, copla desventurada,
Y la que más os
estima
Devana su seda encima,
Y quedáis vos allí aislada.
Ved
qué donoso presente,
Que la que más fe aventura
Por gozar d'esta
locura,
Ni la gusta ni la siente;
Y el provecho,
Es que por
vuestro derecho,
Alguna dama loquilla,
Dirá por gran maravilla:
«¡Ay, qué coplas que me han hecho!»
Pues si donde era razón
Tan
pequeño fruto hacen,
Con los demás, aunque aplacen,
Deshonesta
cosa son,
Y muy vano
Exercicio, y aun profano,
Publicar yo mis
flaquezas,
Liviandades y baxezas,
Y escrebirlas de mi mano.
Sobra de bien y pan tierno
Hace que los amadores
Comparen el mal
de amores
A las penas del Infierno.
Tú, Cupido,
Estás muy
favorescido
Pensando que aquello es,
Mas donde hay dolor francés
El tuyo queda en olvido.
Final
Coplas y locuras mías,
Vuestro tiempo se ha llegado
Para aliviar
el enfado
Destos trabajosos días.
Todas pasaréis por buenas,
Siendo aquel que os da favor,
Por natura mi señor,
Y por suerte mi
Mecenas.
Musas italianas y latinas...
Musas italianas y latinas,
gentes en estas partes tan extraña,
¿cómo habéis venido a nuestra España
tan nuevas y hermosas clavellinas?
O ¿quién os ha traído a ser vecinas
del Tajo, de sus montes y
campaña?
O ¿quién es el que os guía y acompaña
de tierras tan ajenas
peregrinas?-
-Don Diego de Mendoça y Garcilaso
nos truxeron, Boscán y Luis de
Raro
por orden y favor del dios Apolo.
Los dos llevó la muerte paso a paso,
Solimán el uno y por amparo
nos queda don Diego, y basta solo.
¿Quién no llora lo pasado?
¿Quién no llora lo pasado
viendo cual va lo presente?,
¿Quién es
aquel que no siente
lo que ventura ha quitado?
Yo
me vi ser bien amado,
mi deseo en alta cima;
contemplar en lo
pasado
La memoria me lastima.
Y
pues todo me es ausente
no sé cual remedio escoja;
bien y mal todo
me enoja,
¡cuitado de quien lo siente!
Tiempo fue y horas ufanas
las que mi vida gozaron,
donde tristes
se sembraron
los simientes de mis canas.
Y
pues si tiene por bueno,
bien puedo decir así.
Soneto II
Garcilaso y Boscán siendo llegados
al lugar donde están los
trovadores
que en esta nuestra lengua y sus primores
fueron en
este siglo señalados,
los unos a los
otros alterados
se miran, demudadas las colores,
temiéndose que
fuesen corredores
o espías o enemigos desmandados;
y juzgando
primero por el traje,
pareciéronles ser, como debía,
gentiles
españoles caballeros;
y oyéndoles
hablar nuevo lenguaje,
mezclado de extranjera poesia,
con ojos los
miraban de extranjeros.
Soneto IV
Si las penas
que dais son verdaderas,
como lo sabe bien el alma mía,
¿por qué
no me acaban? y sería
sin ellas el morir muy más de veras;
y si por dicha son tan lisonjeras,
y quieren retoçar con mi
alegría,
decid, ¿por qué me matan cada día
de muerte de dolor de
mil maneras?
Mostradme este secreto ya, señora,
sepa yo por vos, pues por vos
muero,
si lo que padezco es muerte o vida;
porque, siendo vos la matadora,
mayor gloria de pena ya no quiero
que poder alegar tal homicida.
Villancico
No pueden dormir mis ojos,
no pueden dormir.
Pero, ¿cómo dormirán
cercados en derredor
de soldados de
dolor,
que siempre en armas están?
Los combates que les dan,
no
los pudieron sufrir,
no pueden dormir.
Alguna vez, de cansados
del angustia y del tormento,
se
duermen que no lo siento,
que los hallo transportados;
pero los
sueños pesados
no les quieren consentir
que puedan dormir.
Mas ya que duermen un poco,
están tan desvanecidos,
que ellos
quedan aturdidos,
yo poco menos de loco;
y si los muevo y provoco
con cerrar y con abrir,
no pueden dormir.
Visita de amor
Unas coplas muy
cansadas,
con muchos pies arrastrando,
a lo toscado imitadas,
entró un amador cantando,
enojosas y pesadas.
Cada pie con dos
corcovas,
y de peso doce arrobas,
trovadas al tiempo viejo.
Dios perdone a Castillejo,
que bien habló de esas trovas.
dijo
Amor: ¿Dónde se aprende
ese metro tan prolijo,
que a las orejas
ofende?
Algarabía de allende:
el sujeto frío y duro,
y el
estilo, tan oscuro
que la dama en quien se emplea
duda, por sabia
que sea,
si es requiebro o es conjuro».
«Ved si la invención os
basta,
pues Garcilaso y Boscán,
las plumas puestas por asta
cada uno es un Roldán,
y, con todo, no le basta;
yo no alcanzo
cuál engaño
te hizo para tu daño,
con locura y desvarío,
meter
en mi señorío
moneda de reino extraño.»
«Con dueñas y con
doncellas
(dijo Venus), ¿qué pretende
quien las dices sus
querellas
en lenguaje que no entiende
él, ni yo, ni vos, ni ellas?
Sentencio al que tal hiciere
que la dama por quien muere
lo tenga
por cascabel,
y que haga burla dél
y de cuanto le escribiere».